Imaginen la situación: 18 o 19 añitos, acabas de terminar bachillerato y llegas a la universidad con toda la ilusión de los novatos. Primer día de clase (bueno, en mi caso no fue el primer día que porque el primer día me perdí al llegar, era la primera vez que iba en coche, confundí las calles y... no viene al caso), entra el que esperas sea el profesor que por fin te enseñé cosas útiles para tu futura profesión y... "Si alguna vez lográis trabajar en un periódico, debéis saber que lo que escribáis hoy servirá para liar pescado mañana". Yuhu.
La frase es para enmarcarla. Empezando por esa duda implícita sobre encontrar trabajo y terminando con ese "no os creáis importantes". Pero, oye, eres joven e inocente y "jijijaja que profesor más cachondo, lo hace para acojonarnos". Van pasando los días y las semanas y ves que, sí, muchos conocimientos nuevos, muchas teorías, pero pocos prácticos, de utilidad real para el trabajo que se supone desempeñarás en el futuro. Llegan las largas horas de clase de profesores tediosos nacidos en la época precámbrica que se niegan a usar tecnologías más avanzadas a un bolígrafo, las horas en las que algunos docentes se dedican a leer de carrerilla lo escrito en los apuntes (estos han sido los peores, con diferencia. Sientes como insultan tu inteligencia presuponiendo que tú solo no podrías leerlo) y las mil y unas frases oídas en congresos, charlas, y demás reuniones del estilo: "a trabajar se aprende practicando, no en un aula" o "no sé, sinceramente, qué hacéis aquí, hace diez años tenía sentido tener una carrera, hoy no", o "espero que sepáis servir las hamburguesas" y la mejor de todas, "tener un título no te convierte en periodista/médico/arquitecto/profesor".
No me voy a detener en esos profesores que creen que su asignatura es lo único que tienes en tu vida y luego tardan un mes en corregir un examen. Pero todavía falta lo mejor por venir. Trabajar gratis. Porque, oye, así "practicas y vas cogiendo experiencia". Si tienes una profesión tipo fotógrafo, publicista, periodista... estás perdido. Escucharás el "así te vas dando a conocer, haciéndote un nombre". Ah, ya entiendo, que me estás haciendo un favor quedándote con mi trabajo GRATIS ¿no? Y es que hay ciertas profesiones que el mundo cree que cualquiera puede desempeñar. Todos tenemos cámaras así que cualquiera puede ser fotógrafo. Todos sabemos juntar letras así que cualquiera puede ser periodista. Todos tenemos ideas (al menos de vez en cuando) así que cualquiera puede ser publicista. En esta situación, ¿para qué pagar por estos trabajos?
Así que aquí me ven, la gran pardilla. Trabajando gratis. Invirtiendo horas y esfuerzo en crónicas, ruedas de prensa, previas, directos, reportajes, entrevistas... para que salga mi nombre en un lugar que nadie, salvo los que están en mi misma situación, mirará. Y si protestas es porque "eres una mercenaria que solo quiere dinero y no haces esto porque te guste el trabajo". No, señores míos, me encanta este trabajo. Lo que no me gusta es que esa sea la excusa para que me tomen por gilipollas y se aprovechen de mí. No puedo pagarme un alquiler diciendo: ¡Eh, pero mire ahí, señor casero, sale mi nombre!
Hace unos días hablaba de la importancia que damos a la imagen a la hora de una primera impresión, a la hora de juzgar a una persona (Las velas blancas de Tristán), hoy los tiros se acercan, pero me centro más en la gente que cree conocerte. Y la palabra clave es CREE.
Esto ha pasado desde siempre, desde que tengo uso de razón la gente siempre ha creído conocer a los de su alrededor y luego se han llevado sorpresas (y en la mayoría desagradables) por el comportamiento de otros. Sin embargo, desde hace unos años, esto se ha vuelto mucho peor. O eso me parece a mí. Y gran parte de culpa la tienen las redes sociales (en realidad, la culpa es toda y entera nuestra, pero hay que tener un desencadenante). Hay mucha gente que piensa que por ser tu "amigo" en Facebook, por seguirte en Twitter, tenerte en sus círculos en G+, ver tus fotos de Instagram o similares, te conoce.
Y hay verdaderos acosadores en estos lares ¿eh? Gente que te hace un seguimiento exhaustivo en todas y cada una de las redes en las que ha podido darte caza. Personalmente, un "me gusta" o un comentario en las publicaciones, o un RT o un fav, se agradece. A veces, hasta te hace ilusión, porque lo escribes o compartes pensando en alguien y ese alguien se da por aludido y te lo hace saber con uno de esos guiños. Pero no me refiero a esos casos, me refiero a los que son como moscas de verano pegadas a tu vida virtual. Y, para colmo, cuando los ves en persona, te lo señalan: "Pues el otro día escribiste que ..." o "Subiste una foto en...". Ya lo sé, es mi cuenta, sé lo que subo, gracias por el apunte. Cuando necesite un secretario personal, te lo haré saber. Ah, por cierto, no es obligatorio que me comentes cada publicación.
Curiosamente, estos acosadores suelen ser los que luego dan por sentado que te conocen. Imagino que asocian conocer la vida virtual de alguien con conocer la vida real. Y no. La red es pública, y lo que subas, ya sea en una red social u otra, tienes que asumir que será de conocimiento mundial. Por mucho que configures la privacidad y chorradas varias, la posibilidad de que acabe saliendo a la luz es tan alta que mejor que tengamos siempre presente que los secretos a la almohada mejor que al facebook. Así que, en general, a la red subes una parte de vida, la parte que te da igual que se conozca. No puedes reducir una persona a lo que cuelga en las redes.
Gracias a esta facilidad para acceder a ciertos datos sobre la gente, hemos dejado de preocuparnos en conocer DE VERDAD a las personas de nuestro alrededor. Y eso ha desencadenado en situaciones que, a mí personalmente, resultan bastante incómodas. Como que te clasifiquen de un modo equivocado. Ejemplo tonto, por no decir el real en el que estoy pensando: "¿Te has comprado una camiseta roja? ¿Tú? Pero si a ti te gusta el azul..." Es muy tonto, lo sé, pero la situación fue parecida. A ver, querido acosador, me gusta el azul, y me gusta el rojo. Puedo llevar azul, y puedo llevar rojo. Y si estás dando por sentado que no me gusta el rojo es porque tooooodo este tiempo que has tenido para conocerme no te ha servido de nada, te has quedado en la superficie. En la genialidad de dar por sentado que lo sabes todo porque me agregaste a facebook. Retrasito grande. Todos llevamos máscara, y la del mundo virtual es la más engañosa de todas.
En mi caso personal, por ponerme un poco egocéntrica, soy una persona bastante reservada. Tengo actividad en las redes sociales, sí, pero realmente nada importante. Tengo gran parte de culpa en que mucha gente de mi alrededor no me conozca, porque hablo poco, y menos sobre lo que ronda mi cabeza. Mis ideas son mías, mis pensamientos son privados, y mi mundo interior me resulta la mayor parte del tiempo infinitamente más interesante que lo que me rodea, así que me resulta bastante difícil de explicarlo, y al resto de mortales, demasiado complicado de entender como para tomarme la molestia. Así que, en general, mis puertas están cerradas. Hacedme el favor de no juzgar, ni clasificar, ni dar por sentado cómo piensan los demás sin haberos tomado la verdadera molestia de intentar entenderlos. No vale con rascar en internet.
Y si no leéis entre mis líneas, o en mi forma de callar lo que me callo, es que todo este tiempo junto a mí no os sirvió de nada.
Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, heredero de Esperanza GTAguirre, soltó ayer una perlita en un mitín del PP en Carabanchel: "No queremos una Europa que se parezca a Andalucía, porque ya saben lo que pasa en esa comunidad autónoma". Ahí es nada. Quiero entender que se refiere a la clase política, y claro, como son del "otro equipo" (o eso nos quieren hacer creer... al final son igual de sabandijas dando igual el color) toca atacarlos y ponerlos de malvados por ser unos corruptos asquerosos. Que lo son. Pero exactamente igual que los dirigentes de la Comunidad Valenciana, nuevo destino TOP de trajes y aeropuertos, o los de Galicia, que se van de fin de semana con narcotraficantes. Pero curiosamente siempre le toca recibir a Andalucía.
Y no es que yo esté paranoica. No es la primera vez, ni será la última, que atacan a Andalucía con cualquier excusa. Ya empieza a convertirse en deporte nacional, quizás heredado del antecesor, la envidia. Os recuerdo las que más me marcaron (iba a decir impactaron, pero a estas alturas del cuento ya me tienen curada de espanto).
La Caleta de Cádiz
"El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido, generalmente es un hombre poco hecho, que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y miseria cultural, mental y espiritual." Casi ná. Y sale de la boca de Jordi Pujol. El Yoda catalán. O lo que viene a ser lo mismo, el ex presidente de la Generalitat. Al amigo Pujol se le olvida que su querida Cataluña está poblada con más de 800.000 andaluces emigrados. Se le olvida que fueron andaluces y sus hijos los que labraron su tierra y sacaron adelante su comunidad. Y se le olvida que corre sangre andaluza por miles de catalanes ¿Todos están destruidos?
También se le olvida que nuestro "estado de ignorancia y miseria cultural" está avalado por Federico García Lorca, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Cánovas, los Machado, Velázquez, Murillo, Alberti, Picasso, Jorge Manrique, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Vicente Aleixandre (NOBEL), Bécquer, Cernuda... Cuánta miseria cultural da esta tierra.
Luego viene mi favorito. Artur Mas. A partir del 1:20 más o menos "(...) no le hablo ya de Sevilla, de Málaga o de Coruña, porque allí hablan el castellano, efectivamente, pero a algunos no se les entiende". En este mismo tono de burla hacia nuestro acento tenemos a Montserrat Nebrera (diputada del Parlament) que refiriéndose al acento de Magdalena Álvarez soltó lo de: "El problema de esta mujer es que tiene un acento de chiste". O espera, tenemos también a Juan Soler (portavoz del PP en Madrid) con: "El acento de Trinidad Jiménez le hace más apta para Dos Hermanas o Vélez Málaga". O Ana Mato (ministra de Sanidad): "Los niños andaluces son prácticamente analfabetos". El tema del acento es algo que todos los que hemos estado fuera de nuestra tierra hemos sufrido en algún momento. Los hay que vienen inocentemente con un "ay, qué acento más gracioso" y tú lo encajas correctamente, aunque te ahorras la contestación de "pues tú suenas como si estuvieras hablando con un zapato en la boca", y los hay que vienen con el tópico más extendido: "¡Eres andaluz! Qué acento más gracioso, cuéntame un chiste". Y te lo sueltan sin anestesiar ni nada. Personalmente, conocí a una chica en Italia, valenciana para más señas, que soltó en un tono lo suficientemente alto como para que yo lo escuchara "me gustan todos los acentos de España, menos el andaluz, que es de catetos". No siento especial simpatía por el acento valenciano, pero ella no ayudó demasiado a favorecerlo.
Luego viene lo de que somos unos vagos. Este tópico me encanta. Si no tenemos trabajo, no es porque el paro esté disparado en todo el país porque los políticos son unos ladrones, no, qué va. Es que somos unos vagos y no queremos trabajar. Durán y Lleida, sobre las ayudas a los jornaleros andaluces: "Reciben el PER para pasar todo el día en el bar de su pueblo". O Manuel Pizarro, de las Cortes Generales, tras insinuar que el paro es por falta de ganas: "Andalucía sigue siendo la región más subsidiada". O el alcalde de Burgos, Juan Carlos Aparicio: "El peor favor que podemos hacerle a Andalucía es dejarla sumida en la indolencia". Cariño, el peor favor que puedes hacernos es, simplemente, nombrarnos. O mi favorito en este tema, Cayetano Martínez de Irujo, sí, sí, el hijo de la Duquesa de Alba: "En Andalucía hay muy pocas ganas de trabajar, los jóvenes no quieren progresar". Que lo diga un señorito andaluz que NO HA TRABAJADO EN SU PUÑETERA VIDA, jode.
Córdoba
La Alcazaba. Málaga
Y luego viene la fama de fiesteros. Mª San Gil (del PP vasco): "A los andaluces la realidad nacional le suena más a chirigota". Se equivoca la señora, la chirigota busca hacer reír y la realidad nacional es para echarse a llorar, un pasodoble quizás. Una de mis compañeras de piso en Italia, burgalesa aunque exiliada de las profundidades de Mordor, se intentó reír de los malagueños porque "pedís las vacaciones para que os coincidan con la feria". ¿Hola? ¿Cuando mejor que en fiestas? No veo el problema, no veo en qué te podría molestar que nos guste disfrutar. Salvo que seas una amargada y sea la envidia que te corroe lo que te joda que los demás lo pasemos bien y celebremos en condiciones. "¿Qué sentido tiene sacar la estatua de la Virgen a hombros?" El mismo que construir una estatua de madera para quemarla después. Tenemos la suerte de vivir en lo más cercano al paraíso que hay sobre el planeta, y estoy hasta los ovarios de que la envidia intente ensuciarlo tirando de tópicos y criticando todo aquello que no se conoce.
Almería
Torre del Oro, Sevilla
"Se piensa en Andalucía
de una forma equivocada,
creen que en la tierra mía
manda el vino y la guitarra,
que se piensa solamente
en el cante y en el baile,
con graciosos permanentes
vagueando por las calles."
Y me callo ya, que me voy a echar la siesta que vengo cansadísima de bailar sevillanas en el bar.
Después de ver el último capítulo de Juego de Tronos (4ª temporada, 4º capítulo, "OathKeeper") solo puedo, una vez más, echarme las manos a la cabeza y marcarme un Mourinho, ¿POR QUÉ?
Los guionistas de HBO vuelven a pasarse la historia del libro por... el arco del triunfo. ¡OJO! Que aprendí hace muchos años que si te gusta un libro mejor no veas la película (o serie en este caso) porque te acabarás llevando casi con total seguridad una decepeción. De hecho, recuerdo ahora mi primera pelifrustración: Harry Potter y la piedra filosofal.
Como dato curioso yo comencé la saga por el tercer libro, Harry Potter y el prisionero de Azkabán, porque me lo regaló una muy buena amiga del colegio pensando que ya habría leído los dos primeros (supongo que la fama de lectora nació conmigo). La cosa es que me leí ese y luego mi madre me compró los dos anteriores para que empezara a seguir el orden. El tercero acabó siendo mi favorito, quién sabe si porque lo leí dos veces o porque estaba locamente enamorada del personaje de Sirius Black, pero Harry Potter marcó mi infancia/adolescencia ya que el mago acompañó a mi generación muchos años. Pues bien, cuando estrenaron la película del primer libro yo debia tener unos doce años y un entusiasmo que no me cabía en el cuerpo. La peli me convenció bastante, al menos hasta que llegaron a la parte final.
En el libro, una de mis escenas favoritas era una prueba de pócimas y botellines que Hermione debía superar. Había imaginado ese pasaje un millón de veces. En la película lo suprimieron. Obviamente, entré en cólera. Mi madre intentó explicarme que en las películas debían eliminar partes del libro para que no fuera muy larga, y yo lo entendía. Lo que no entendía era por qué ESA escena que a mí me parecía tan importante. Con el paso de los años he seguido llevándome decepciones: Manolito Gafotas, Los tres mosqueteros, la mayoría de superhéroes basados en cómics (Spiderman en las primeras pelis era un parguela y en los cómics te lo pintan como un chulo, y ¿dónde carajos está la tensión sexual no resulta entre Thor y Sif?), incluso Crepúsculo fue una decepción, pero también las hubo que me sorprendieron gratamente como la trilogía Millenium.
Asha / Yara
Pero con Juego de Tronos me está hirviendo la sangre. Entiendo que se eliminen tramas y personajes por la complejidad de los libros, PERO NO si luego inventan otras historias y personajes que no existen. Tampoco entiendo el cambio de nombres PORQUE SÍ. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene cambiarle el nombre a la hermana de Theon Greyjoy de ASHA a YARA? ¿O el nombre y la historia a la mujer de Robb Stark de Jeyne Westerling a Talisa Maegyr?
Muertes que no suceden, personajes con líos amorosos que en el libro no, desaparición de personajes BÁSICOS en la trama (¿EDRIC TORMENTA?) y como en el último capítulo, capturas a ciertos personajillos que debían seguir su camino tranquilamente (o todo lo tranquilo que puede estar alguien en manos de George RR Martin).
En fin, estos enfados solo los conocemos los que entendemos que basar una serie (o película) en un libro es ser, al menos relativamente, fiel al trabajo del escritor.