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viernes, 17 de octubre de 2014

Retorciendo el lenguaje

Ayer, una de las primeras noticias que leí al levantarme fue la de que unos inmigrantes habían intentado saltar la valla de Melilla. Dejando fuera todo tipo de debate sobre hasta qué punto es eficaz, o hasta qué punto es inhumano, este tipo de medidas, me llamó de forma desmedida la atención el lenguaje usado. "Inmigrantes". Y diréis, pues vaya chorrada.
Según la RAE, tan de moda en estas últimas horas (echadle huevos y decid "follamigo" conmigo), inmigrante es aquel que inmigra, e inmigrar es salir de tu país y LLEGAR A OTRO para establecerse en él. A lo que iba, que si, como en todo momento nos recalcan los medios, los muchachos no llegaron a tocar suelo español, no son inmigrantes. Sencillamente porque jamás llegaron. En todo
caso emigrantes. Pero claro, ¿qué suena más potente? ¿"Doscientos inmigrantes intentan asaltar la valla de Melilla" o "Doscientos emigrantes intentan llegar a España"? Preferimos usar emigrante para este españolito que ha tenido que salir a buscarse el pan a otro país, generalmente Alemania o Reino Unido, e inmigrante para ese negro inculto que viene a robarnos el trabajo, ¿no? Bueno, miento, para el español que se va porque aquí no tiene nada se usa "movilidad exterior".

Parece una soberana tontería, pero el lenguaje es el mecanismo más peligroso de nuestra vida diaria, es nuestro vehículo para formar ideas en otras personas, para comunicarnos. El poder de las palabras radica en quien sabe usarlas, y ese poder está mal utilizado cuando pervertimos el lenguaje hasta hacer cambiar el sentido de las palabras.

España es un país desarrollado. ¿No? O eso nos cuelan todos los días. Vale. Algo desarrollado es algo completo. Algo en vías de desarrollo es algo que está mejorando. Entonces un país en vías de desarrollo está mejorando, pero España está estancada? ¿O cómo va eso?

Hay una que me gusta muchísimo. Si buscas "cristianismo" en el diccionario te sale religión cristianaSi buscas "vudú"... "Creencias y prácticas religiosas que incluyen fetichismo, culto a las serpientes, sacrificios rituales (...)". Ah. Que el cristianismo es religión, pero el vudú no. Ir a la iglesia no es una práctica religiosa. El sacrificio del pan y el vino no es ritual. Y el cristianismo no es fetichista porque claro, no rinde culto a algún ídolo al que se le atribuye poderes sobrenaturales. Bailar alrededor del fuego para que llueva no es religión, pero ir a la iglesia y pedirlo mirando a un señor crucificado sí. Entiendo.

Colón descubrió América. Descubrir: Hallar lo que estaba ignorado o escondido. Colón descubrió América porque los nativos ignoraban que ya tenían algo llamado existencia. Los descubrió, claro, porque ellos no sabían que existían. GRACIAS A LOS EUROPEOS ¡OH BENDITA CIVILIZACIÓN! POR LLEGAR Y ENSEÑAR A CULTURAS RIQUÍSIMAS Y ANTIQUÍSIMAS EL NOBLE ARTE DE VIVIR.

Como decía el Gran Wyoming: "Se llama trata de blancas y no trata de personas porque vender blancos es un delito".

"El lenguaje nos ayuda a capturar el mundo, y cuanto menos lenguaje tengamos, menos mundo capturamos. O más deficientemente. Una mayor capacidad expresiva supone una mayor capacidad de comprensión de las cosas. Si se empobrece la lengua, se empobrece el pensamiento." - Lázaro Carreter.

Otro día hablaré de lo de "orgulloso de ser español"...

Pero no creáis que esto solo se hace con conceptos que ya tenemos asimilados. Ahora lo intentan con otros nuevos.

"Crecimiento económico negativo". Crecimiento es aumento. Negativo. ¿Crecer pá abajo?
"Cese temporal de la convivencia". Referido a la separación de la Infanta Elena. Decir "separación" o divorcio era demasiado.
"Recargo temporal de solidaridad". Soraya Saéz de Santamaría hablando de impuestos. Con dos cojones. Solidaridad de los de abajo para que los de arriba puedan seguir comprando con tarjetas opacas lencería femenina.
"Ticket moderador sanitario". Artur Mas, creo que quería decir "Vais a pagar otra vez por lo que ya pagáis en los impuestos, porque no podemos dar paracetamol a todos y que Pujol robe a la vez".
"Devaluación competitiva de los salarios". El BCE evitando el "vais a cobrar una puta mierda, o mejor, vais a trabajar gratis".
"Medidas excepcionales para incentivar la tributación de rentas no declaradas". Es que "blanquear la pasta" solo es para los traficantes de droga.
"Procedimientos de ejecución hipotecaria" = "Os vamos a dejar en la puta calle".
"Flexibilizar el mercado laboral" = "Te voy a despedir cuando me salga de las campanas".


viernes, 11 de julio de 2014

"Quiero ser como Ronaldo"

Que la imitación es el mejor elogio se ha dicho desde siempre. Lo hemos escuchado desde que nuestros primeros amigos o hermanos pequeños tendían a copiar todo lo que hacíamos. La mayoría no lo entendíamos como elogio, y más bien nos cabreaba que nuestros adorables imitadores copiaran nuestros gestos. Yo me pasé años de berrinche en berrinche porque mi hermano pequeño era incapaz de comportarse y de jugar incluso, sin imitarme de alguna manera (Víctor, si me lees no te preocupes, solo te odié los primeros 10 años). Sin embargo, cuando maduramos, nos damos cuenta de cuánta verdad hay en esa frase.


En las clases de mis gremlins lo veo muy a menudo. Los pequeños imitan a los más mayores, pero no imitan a cualquiera. Imitan al que ellos creen que lo hace mejor (y suelen acertar, no son tontos). Entiéndase imitaciones que no sean parodias de comportamientos, expresiones o gestos o el tono de voz, que estas son aún menos admitidas. Niños ven, niños hacen.

Baldwin decía que "los niños nunca han sido buenos para escuchar a sus padres, pero nunca fallan en imitarlos". Es de sentido común saber que el ejemplo tiene más fuerza que las reglas. Pero no solo imitan a sus padres, también imitan a sus ídolos. Ayer tuve la oportunidad de visitar y pasar un rato con los críos del Campus Málaga CF (el periodismo tiene estas cosas, lo mismo te regala momentos geniales que te hace cagarte en Kapuscinski en arameo) y, por costumbre quizá, me acerqué a la zona de los más pequeñines.

Me bastaron unos minutos para percatarme de lo mucho que ven y copian los gestos de los futbolistas profesionales (es imposible que no los vean, pues los tenemos a todas horas bombardeando la televisión), y resulta, como poco, curioso ver a críos de 4 años lamentando un gol de un Campus de verano, en un partido de entretenimiento de esta forma -------->
El gol ni siquiera le afectó (o tiene una capacidad de recuperación mental digna de un super héroe), pues al segundo estaba otra vez gritando de alegría, que por otra parte es lo que se espera de los niños, pero él hizo el gesto, es lo que ve en sus ídolos y entiende que es así como se debe reaccionar.

Algunos diréis que soy una exagerada, que es la reacción normal de cualquier crío durante un partido de fútbol. Será que soy una exagerada, pero a mí esto me parece una celebración natural en un crío -------------------->(un crío un pelín eufórico), y estas no son unas celebraciones que salgan naturales por la liberación de hormonas ni aunque lo diga el Punset. Y todas las pude ver ayer:


La mayoría de los niños oyen lo que dices, algunos niños, incluso hacen lo que dices, pero todos los niños hacen lo que haces. Como adultos responsables (??? me acaban de salir tres canas después de esta frase) está en nuestras manos el deber de comportarnos de forma ejemplar si queremos dejar una infancia en el mundo de la que no tengamos que avergonzarnos en unos años. 


miércoles, 18 de junio de 2014

Periodismo de camiseta

Una de las primeras cosas que oyes al entrar en la facultad de periodismo es: "la objetividad no existe". La verdad absoluta es irreal. Una misma escena, imaginemos una colisión entre dos coche, tendrá multitud de puntos de vista, y todos son correctos. El conductor del coche número uno tendrá una versión que, aun siendo totalmente sincero y sin intentar modificar nada para eximirse de responsabilidad, no será idéntica a la del segundo conductor.

Por ejemplo: uno dirá que el sol le cegaba la vista y el otro, que estaba a la sombra, podría jurar que estaba nublado. La señora que en ese momento cruzaba por allí dirá que la velocidad era excesiva, el motorista, que no usaron los retrovisores. La joven del balcón añadirá que había algo resbaladizo en el asfalto que se veía desde cierta altura. Todos habrán sido objetivos, pero ninguno podía conocer todos los elementos influyentes. Bien, añadamos un periodista a la escena. Siendo testigo presencial del accidente, su versión, incluso incluyendo todos los testimonios, será parcial por la imposibilidad de tener todos los ángulos de un mismo hecho.

Sin embargo, la imposibilidad de ser objetivos no significa que debamos dejar de intentarlo. Hay que ser lo menos subjetivos posible, ceñirse a la realidad, no entrar en valoraciones. O eso es lo que te dicen. Mil y una indicaciones en ese sentido te estudias en los libros de estilo de los diferentes medios: "Seamos honestos", "no tengamos prejuicios", "mantener exactitud y precisión", "evitaremos simpatías hacia una de las partes", o la mejor de todas "la audiencia no debe deducir cuál es la opinión personal del periodista". Para el horror y la decadencia de la profesión nos encontramos con la cruda realidad.

Periodistas que, más que defensores de la "verdad", son el activo más reconocible en defensa de un partido político, una ideología o incluso un equipo de fútbol. Actúan como el departamento de comunicación de la organización que defienden cuando su función debería ser otra muy distinta. Todos tenemos una opinión personal, obviamente. Algunos también tenemos un equipo de fútbol preferido, pero eso no debería afectar a la hora de informar sobre ello.

Hay verdaderos "hooligans" en las redacciones. Periodistas incapaces de desprenderse de la camiseta de su equipo a la hora de trabajar. Me parece muy bien que seas rojo o facha, culé o madridista, y que lo proclames a los cuatro vientos si te place, pero no dejes que eso se deduzca de tu trabajo. No tienes que defender al equipo en tu portada, eso es tarea del club. Lo tuyo es aproximarte lo máximo posible a la verdad e informar sobre ello, aunque eso sea perjudicial para tu ideología. Parece que muchos lo han olvidado, incluyendo a los lectores.

Algunos aficionados se quejan porque "en Málaga no tenemos una prensa que defienda al equipo de la ciudad como en Madrid (As, Marca) y Barcelona (Sport, Mundo deportivo)". Y menos mal. Por suerte la fiebre hooligan no afecta demasiado a los periodistas deportivos malagueños. De momento.


Hace unos meses, tras un mal partido del Málaga (no recuerdo cuál, si habéis seguido la temporada del equipo me comprenderéis...) redacté un artículo en el que reconocía lo merecido de la derrota y argumentaba que los jugadores prácticamente no habían pisado el césped. Un aficionado se molestó y, vía Twitter, me lo hizo saber de manera muy educada. Me comentó que "quién mierdas me creía para decir que el Málaga había jugado mal", que así nos iba por culpa de "periodistas" como yo. Le respondí que yo no había dicho que jugara mal, porque no se podía decir siquiera que hubiera jugado y que, evidentemente, el Málaga al borde de los puestos de descenso era por culpa de mis artículos. Muy lógico.

No es fácil criticar algo que quieres. No es agradable describir jugadas y goles en contra, derrotas, decisiones arbitrales (justas e injustas) que perjudican a tu club. Tampoco disfrutas igual una victoria trabajando que como aficionada. En una estás buscando las palabras más adecuadas para describir un gol que te salva el partido sin caer en el "CAMACHO DE MI VIDA, ¡QUÉ GOLAZO! TOOOOOOOOMA, QUE LES DEN POR C*** QUE LLEVAN UNA HORA PERDIENDO TIEMPO", y no es fácil.
Así que unos no deberíamos olvidar que el trabajo de los periodistas es la verdad, aunque ello implique reconocer el mal trabajo de nuestro equipo, y otros deberíamos dejar de intentar complacer al garrulismo fanático que todos llevamos dentro (en algunos casos también lo llevan por fuera) y colgar la blanquiazul en la percha el día que toque currar.